A
la estación del olvido llegan los sueños rotos.
Las
muñecas rotas de porcelana.
Las
palabras no dichas y los besos no dados.
Por
la estación del olvido pasan los trenes que nunca cogimos.
Las
muchachas pacientes que siempre aguardaron.
Las
miradas furtivas que no se encontraron.
En
la estación del olvido anidan gargantas faltas de coraje.
Se
pierden las cartas que nunca escribimos.
Se
pierden llamadas que nunca marcamos.
A
la estación del olvido llegan los consejos que no se siguieron.
Las
almas errantes que nunca vivieron.
Las
sombras que luces jamás proyectaron.
Por
la estación del olvido no pasan viajeros.
No
hay equipajes.
No
hay despedida.
No
tiene siquiera punto de partida.
En
la estación del olvido se hace de noche.
La
noche la envuelve y la convierte en frio.
En la estación del olvido...
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